miércoles, 29 de febrero de 2012
EL RUGBY JOVEN DE SALTA EN LA HISTORIA
La
actividad internacional en el nivel juvenil, 18 a 20 años, la cual debería
encararse con mayor atención en razón de considerarse el último tramo formativo
del jugador de cara a la primera división, no ha concitado históricamente el
interés de la dirigencia, no solo en Salta, sino en todo el resto de los centros
rugbísticos del país. De allí que el intercambio entre países sea nulo, o
prácticamente no exista, en razón de estar ordenado de tal manera que la
competencia europea Sub-19, o del Hemisferio Sur Sub-21, haga innecesaria el
intercambio amistoso en estos niveles. Dentro del territorio nacional, sí,
existen torneos para los de 19 y 21 años, los cuales, sumados a las actividades
internas de cada Unión, y de que el rugby es un deporte eminentemente de
invierno, lo que determina la utilización de pocos meses, encontraremos las
razones de que el plano internacional quede virtualmente descartado.
martes, 28 de febrero de 2012
William Barry Holmes
Fullback de la selección de rugby de Argentina, su historia en Salta.
Breve semblanza escrita por el ingeniero Octavio Figueroa (+).
Salta casi tuvo
al fullback del seleccionado de rugby de Argentina (una historia que pocos
conocen)
William
Barry Holmes fue un deportista excepcional. Se educó en el Colegio San
Jorge, en Quilmes, provincia de Buenos Aires, donde el deporte es una
tradición. Aparte de jugar en el primer equipo de rugby y de cricquet
del Colegio, fue campeón de 100, 200, 400 y 800 metros llanos; 110
con vallas, salto en alto, salto en largo y lanzamiento de bala. En lo que
falta, fue segundo. También fue campeón de natación, de tenis y de boxeo (peso
pesado). En sus estudios también sobresalió y era el primer alumno de la clase.
Terminó sus estudios secundarios en
1946 y se fue a estudiar Economía a Cambridge, Inglaterra. En la temporada
1947-1948 jugó para el equipo de Cambridge y en 1948-1949 para el seleccionado
de Inglaterra en el Campeonato Cinco Naciones, posiblemente el primer argentino
que ha tenido ese honor.
En 1949 finalizó sus estudios y regresó a
Argentina. Llegó simultáneamente con el famoso quince de Francia que venía a
cumplir una gira y que estaba integrado por Soro, Moga, Pomathios, Prat y
muchos otros. Los seleccionadores argentinos, ni lerdos ni perezosos,
convencieron a Barry que jugara para Argentina y él aceptó. Francia ganó el
partido por un scorer muy ajustado y nuestro Seleccionado hizo un muy bien
papel que no repetiría hasta la época de los Pumas. El campeonato anual de la UAR ya se había terminado y
Holmes jugó algunos partidos amistosos para su equipo Old Georgians antes de
que terminase la temporada 1949.
A fines de ese año comenzó a trabajar y a
principios de 1950 su empresa lo trasladó a Salta donde debía radicarse por
varios años. Tenía entonces 22 años. Tomó el tren en Retiro y durante el viaje
no se sintió bien. Al llegar a Salta, 36 horas después, tenía bastante fiebre y
pensó que la mejor forma de curarse era traspirando, de modo que jugó un
partido de tenis. Al día siguiente siguió sintiéndose mal y jugó otro partido.
Prácticamente lo tuvieron que sacar de la cancha antes de finalizar el mismo y
recién entonces lo llevaron a ver a un médico. El diagnóstico fue fiebre
tifoidea bastante avanzada. Lo llevaron inmediatamente a Buenos Aires, pero ya
era tarde. A pesar de todos los esfuerzos que hicieron los médicos no lo
pudieron curar y falleció cinco días más tarde a los 22 años de edad.
Evidentemente al fallecer Barry Holmes, Salta
perdió lo que posiblemente hubiese sido el “gran pionero” de nuestro rugby. De
haber vivido Barry, hubiese jugado quizás cinco o seis años y en ese período no
solamente su juego y ejemplo hubieran servido para que se incorporen numerosos
jugadores (caso Guillermo Vilas), sino seguramente la UAR lo hubiese seleccionado
como fullback para la
Argentina en los años siguientes.
lunes, 27 de febrero de 2012
Retorno en 1968
Mario Revuelto, Armando “Payaso” Troyano, Aníbal
Aguado Benítez (c), Marcelo Avellaneda, Fermín “Torito” Aranda, Toi García
Pinto, Oscar “Chiva” Colina y Armando Correa (arriba). Ricardo “Oreja” Day,
Gustavo “Tata” Rovaletti, 3, Mario Vega y 5.
Salta Polo 9,
Universitario 4 (Domingo, 01-09-1968)
Con lluvia y mucho
barro en la cancha de Salta Polo, el equipo local tras cumplir una gran
actuación, se impuso a Universitario 9 a 4, consiguiendo así su primera victoria en
el certamen Oficial. Siete días más tarde, superó a Gimnasia y Tiro, por 6 a 0. Fueron las dos unicas
victorias en el torneo. Festejan Avellaneda, Correa, 3, Marcelo López Arias,
“Tata” Rovaletti, Toi García Pinto, 7, y Aguado Benítez. Las camisetas de color
azul y rojo en franjas horizontales.
Miércoles 03 de
abril de 1968 en el A.5, el capitán Aníbal Aguado Benítez presentando a Roberto
G. Vitry (Diario Norte) algunos de los jugadores de Salta Polo: Pochín Ferrer,
Tata Rovaletti, Ricardo Day y Marcelo López Arias.
domingo, 26 de febrero de 2012
Salta Polo Club inaugura su cancha en 1959


La misma fue inaugurada el domingo 24 de mayo de 1959,
con la ceremonia previa de inauguración oficial y la bendición de la cancha a
cargo de Capellán del Ejército, padre Pedro
Kemerer. Después se inició el partido oficial entre Tigre y Gimnasia. Por la mañana ofrecieron un asado a todos los
invitados en el cual no faltó nada, vino incluido, y esto trajo seria consecuencia
para un jugador de Tigre que confundió el agasajo inaugural con el clásico “tercer tiempo”, poniéndose “hasta el anco” antes de tiempo. El
infractor fue individualizado como el tucumano “Bafa” Frías Silva quien,
en ese estado deplorable, pretendía jugar “sí
o sí”. Mario Clément (foto derecha),
capitán de Tigre, le “bajó el pulgar” y el Bafa, “out” (foto izquierda). Pero reaccionó
como todo tucumano cuando resulta “tocado
a fondo”, sentenciándolo con esta brutal promesa: “te lo vua hacé comelo con el “familiar” (dibujo) que lo tenimo en el ingenio i’Tucumán si
no me lo hací jugá. Mirá que nadie se loa salvao y se lo tenimo que dasélo un
negro en la Navidad”. ¿Se cumplió la sentencia? Comentan que desde este
episodio Mario Clément “no viajó
nunca a Tucumán por aquello de “por sí las brujas”, y a todo esto ya
pasó medio siglo” (2011).
Pero quienes más disfrutaron de la situación fue la
changada de la cuarta de Tigre (hoy casi todos abuelos) los que comentaban
jocosamente: “Se lea cáido el carné al Bafa, no lo juega”, “Al Bafa se lo dicen
trece, porqué lo sobra en la docena”, “El Bafa loé el único caso que sin jugalo
lo’tá machucao como milanesa i’fonda”, “Se loa dicho al Mario que se loa
olvidao el carné en la casa” y cuantas historias más, breves pero picantes y
sabrosas, enhebraron los changos aquella tarde en la cual fueron testigos
cuando Tigre perdió sobre la hora a su pilar titular por estar “machucado”.
Por supuesto que todos estos comentarios de la
víspera cobraban otra dimensión en la mesa de café de la City ubicada en Mitre y España, un “mentidero” donde no solo se
daban cita rugbista, también los había de otras layas, entre ellos “arbolitos”
vendedores de dólares, hoy conocidos públicamente en las afueras de esta
esquina donde la City es una lejana añoranza en la actualidad, ignorando las
nuevas generaciones de que estamos hablando. Para estos “arbolitos” el carnaval
duró hasta la llegada de AFIP, aunque sin desaparecer porqué “esbozados”, le
dan vida al “paralelo”. Allí también se cerraron muchas transacciones
inmobiliarias, comerciales, bancarias, de seguros, etcétera.
Se equipó,
salió a la cancha y no tocó pelota
Por la tarde, tras la ceremonia de
inauguración, los equipos estrenaron el ex “picadero” -que después volvería a ser tal-, presentando como
novedad Gimnasia el debut del veterano cordobés Carlos Sappia (+), quien era poseedor de un extenso historial,
según contaban los allegados “albos”
para “meterle miedo” a los “taxistas”.
Este mote tenía su origen en los colores negro y amarillo a cuadro que lucían
en sus camisetas. Por ese entonces se conoció la Ordenanza Municipal de que
todos los taxímetros de la ciudad debían lucir los mismos colores: negro y
amarillo. En un anecdotario de rugby
me referí a este mentado debut de Sappia. El pobre no llegó a tocar la pelota.
El fullback “Vitito” López (+) lo
probó con una pelota alta, al fondo, pero al otro costado de donde se
encontraba Sappia, que ocupaba la misma posición. El cordobés picó con todas
sus energías, pero una de las “gambas”
le dijo “nones” ya que a poco de
correr, cayó como consecuencia de un desgarro, siendo retirado de la cancha.
Ganó Tigre y el Bafa, que “hinchaba”
por Gimnasia, se llamó a silencio pero “bien regado” por dentro y bendecido
desde el Olimpo por el dios Baco. Gimnasia con uno menos, resignó toda su
chance de competir con éxito esa tarde ante Tigre.
En ese “picadero” convertido en
cancha, se produciría después un hecho jocoso, aunque desagradable y que está
narrado en la historia del Gallego “San
Juan” Haro. Fue cuando el capitán de Jujuy
R. C. lo “bailó” a un colimba en el ingol, después de que Oscar Haro lo hiciera jugar de “lavatripas” al joven milico que nada
hizo por tacklearlo. El capitán de los jujeños era Capitán del Ejército, el
árbitro nada menos que el “colimba” “Tizón”
Villagrán y el “mandamás” de Spaghetti,
el “Gordo” Cuevas quien,
convirtiéndose en “general”, le
ordenaba a Tizón que expulsara a Di
Lella, mientras la “Pirucha” Tobío, “hijita y díai” para alimentar la caldera con insultos, “aconsejaba” al pobre Tizón: “tení que epulsalo al milico desalmao ese”.
Esa tarde resultó inolvidable para nuestra historia rugbística, por estos
acontecimientos desagradables para el “espíritu
del rugby” pero que terminan por retroalimentar a éste. Finalmente todo se
calmó. El partido continuó hasta el pitazo final de Tizón, quien “sopló” tan fuerte el pito, que éste
jamás fue encontrado. Cuentan que el Tizón Villagrán era asistente de un
oficial, también integrante del equipo de Salta Polo, pero esto no fue
impedimento para que un “zumbo”,
esos molestos que siempre existen, le dijera: “Se loa salvao de que se lo mandemo a patíalo pingüino a la Antártica
reclutón, ¿por qué no loa echao al Capitán, ¿ah, ah?”
En este partido salió ganancioso en
prestigio “San Juan” Haro, a quien se debe la prosecución
del partido ante la algarabía de la changada joven de los “espinacas” que
hacían sus primeras armas en la división superior. Los jujeños son un capítulo
aparte en la historia del rugby salteño, pese a que siempre se los ayudó para
que participaran en las competencias oficiales de la Unión.
A esto debo agregar que en esos
tiempos se jugaban los partidos con 31 árbitros: el oficial y treinta
jugadores. Para muestra basta un botón, como dice el refrán. Se jugaba en el A.5 un sábado a la tarde un partido de cuarta división entre Spaghetti y Gauchos. Por esos años Spaghetti contaba con un buen equipo y
también con un lungo que frisaba los dos metros: Hermann. Éste cayó cuan largo era, apoyando la pelota en el ingol
claramente sobre la línea, lo que fue objetado por un jugador de Gauchos, el
siempre “fosforito” del equipo que
no era otro que el “Colorado” Díaz (fallecido). Le reclamaba al
árbitro que el try no valía porque el lungo “tenía que apoyar la pelota dentro del ingol, pero con él también
adentro”. Debían intervenir los mayores para hacerle entender que eso era
correcto. Pero casos análogos a estos, existen a montones. Eran tiempos en que
carecíamos de verdaderos maestros para las inferiores. Épocas en que el jugador
era de todo: dirigente, entrenador, hincha, pintador de cancha, kilombero,
aunque en el A.5 teníamos que pintar las piedras que formaban parte del campo
de juego.
jueves, 23 de febrero de 2012
Salta Polo Club
1959
Parados: soldado Luis “Lucho” Nallar, de Tartagal (†); Félix Cardozo Alzogaray, Horacio De Belva, Pajarito Becar, Alberto Rivas,
“Chuña” Romero López, Héctor Lubín
Arias y Oscar Marcó. Abajo: Juan
José Traversi (†), René Salazar,
Oscar De Brito, Humberto Tótaro (†), Enrique Outes (†), Julio César
Coronel, “Chiqui” Saravia Toledo, “Pupulo” Pérez Bartoletti y Oscar “Uña” Guanuco.
martes, 21 de febrero de 2012
Universitario Rugby Club
Universitario
Rugby Club
Parados: Serrano (h), Mimessi, López Abud, Daher, Gustavo Solá, Segura, Sergio
Soma, NN, y Emilio Serrano. Abajo: Torres, NNN, NNNN, Rodríguez Wilkinson,
Moreno Solá, NNN y Pablo Pérez.
Cancha: Club de
Gimnasia y Tiro
lunes, 2 de enero de 2012
Otro duelo con sabor a botas
Corría el
año 1960, cinco años más tarde, y en el mismo escenario militar del A.5,
frente a los cuarteles, jugaba Gimnasia y Tiro con Salta Polo Club,
equipo este formado por soldados “colimbas”, suboficiales y oficiales del
Ejército. Salta Polo había ganado invicto en torneo Preparación, de una
rueda, con el cual se iniciaba la actividad oficial de la temporada. Dirigía el
petiso “Calamucho” Tobío (+), jugador de Spaghetti, en esa
época heroica cuando los jugadores eran entrenadores, dirigentes y miembros de
la Unión, también aguateros.
Salta Polo
contaba con un segunda línea grandote y “polenta”, el teniente Aldazábal,
de ascendencia vasca, y muy “duro” dentro de la cancha, según las versiones de
sus contrincantes. Claro, duro con los rivales, hasta que “ardió Troya”.
A Aldazábal “se le fue la mano en un line” y alguien del equipo rival cayó
redondo en el pedregoso piso de la cancha. Silbato de Tobío penal y
expulsión del “ponedor” de la certera mano “bautismal”. El
sancionado se abalanzó sobre el árbitro, que parecía “llavero” al lado
del segunda línea, y le espectó: “¡qué me cobrá, negrito i’m… ¿ah?!”
Tumulto,
arremolinamiento de jugadores y curiosos que nunca escasean y el tenue asomo de
enfrentamiento quedó invalidado por la cordura; Gimnasia, sencillamente, no
tenía por qué involucrarse por su condición de víctima, y de los simpatizantes
de Spaghetti, que podrían haber intervenido, no se encontraba nadie porque la
jornada no los tenía como protagonistas. Calmados los ánimos y mientras la
tarde moría, se produjo el retiro de todos los presentes, quedando el solitario
pedregal del A.5 silente. Sanción de 99 años para el agresor,
novedad en el ambiente deportivo en general, ya que en ningún otro deporte esta
durísima sanción es contemplada. Además, sirvió para comprender el “espíritu
de la penalización”, pues ésta se renueva todos los días. Publicación en
los diarios, comentarios en la radio, “bajada de caña” para los de Salta Polo y
reacción del jefe de Regimiento para con los integrantes del equipo.
La
visita de los padrinos
La sanción
resultaba lisa y llanamente un agravio y había que lavar el honor. Calamucho
se encontraba el lunes al atardecer, al día siguiente del partido, tendido
cómodamente sobre su cama ya distendido, cuando entró a su habitación un
familiar para informarle que dos militares querían conversar con él y lo
esperaban porque “era urgente”. Grande, muy grande fue su sorpresa,
cuando vio frente a sí a dos oficiales vestidos de manera impecable, que venían
a comunicarle que había sido “retado a duelo” por su expulsado del día
antes, y que “debía designar padrinos” para entrevistarse “con
nosotros” -padrinos también-, a fin de ultimar los detalles del reto con “el
arma que se escogiera” y el “campo de honor” donde debía celebrarse
el “lance” de marras. Para graficar la situación, ésta era una versión
moderna del bíblico enfrentamiento entre David y Goliat. Intentó
dialogar con sus visitantes, que eran habituales rivales en la cancha,
conocidos de hecho, pero los enviados del supuesto agraviado no se lo permitieron,
retirándose inmediatamente del lugar. Lo habían tratado solemnemente de “usted”
y como un desconocido en la breve exposición. En un instante, todo el mundo se
le vino abajo al pobre Calamucho quien entendía que los mentados duelos, “eran
propios de películas” y que en la Salta actual “esa cosa”, no
existía.
Tremenda
conmoción. Nace el “estrés”
Por ese
entonces la comisión directiva de la Unión de Rugby sesionaba los martes
por la noche en la sede de la agencia de carreras del Jockey Club, en
los altos de Zuviría 62, adonde concurrían sábados y domingos por la tarde los
“burreros” a “orejear” los resultados de Palermo y San Isidro, arriesgando
algunos “manguitos” a las pata del algún tungo favorito. Ese martes, 48 horas
después del conflicto, desde temprano, pasada la oración, una enorme cantidad
de changos ya se encontraban en la vereda, esperando a que llegara la hora de
inicio de la reunión. La Unión solo debía tratar y aprobar las planillas de los
resultados de todos los partidos del fin de semana, conocer los informes que las mismas contenían,
programar la fecha venidera y girar las novedades a la Comisión de Disciplina.
El ambiente de la ovalada “ardía”, especialmente en lo que a Spaghetti se refería, ya
que uno de sus “pollos” podía resultar “seriamente averiado”
en esta cuestión de espada o pistola. En rugby hay que entender una cosa: las
edades. Jugar en primera era para adultos o mayores y para llegar a esa
división tenían que esperar ese estado. La changada joven, juveniles de cuarta hasta
18 años, más algunos “pasados” que al año siguiente eran “soldados”, que no
tenían oportunidad de jugar por ser “maletas”, tampoco podían recalar en una
segunda división, porque ésta no existía. Precisamente este grupo era el más
fogoso defensor de Calamucho, por quien “darían la vida ante los
milicos”, pero en la “esquina de la plaza”, el mismo sitio en el
cual, para los carnavales, sucedían casos abominables de inconducta.
“Así nomá,
sin arma, a trompada limpia lo vamua enfrentalo a lo milico botudo eso, que se
lo creen eyo”, manifestaba un cabecilla (había varios) de un grupo “espinaca”
ante todo los súbditos incondicionales presentes. Los dirigentes de la Unión se reunieron bajo la
tremenda presión de la numerosa barra que pedía “la cabeza del agresor”.
Como era costumbre, la planilla informada siguió su curso normal, pero los
dirigentes fueron acusados de querer “salvar la cabeza” del expulsado y
peligraba por ellos “las cabezas” de los dirigentes. Como estaba tan
caldeado el ambiente, menos mal que no concurrió el delegado de Salta Polo,
y menos alguien que “oliera a militar”. Tampoco concurrió Calamucho,
el árbitro en cuestión, pues esa noche se erigió en precursor de un mal que
se generalizaría en décadas venideras, científicamente definido ahora
como “estrés”, utilizados por médicos
para diagnosticar “supuestos enfermos”, empleados becados públicos en general, canas
de todas las layas y castas, lustrabotas y canillitas también; ni que hablar de
los docentes en todos los niveles. El “estrés” también se adueñó del
periodismo en general: en el deportivo, el que no rinde (equipos, jugadores,
boxeadores, etcétera) es porque está “estresado” y en lo político
también este “estrés” que apareció en Salta hace medio siglo,
sirve en la actualidad como irreprochable “carpeta médica”. Entre los
medicamentos, el “anti
estrés”, es líder por antonomasia de ventas en todas las
farmacias. Hasta los “originarios”, donde vivan, padecen de “estrés”
actualmente. Y el que no padece de “estrés” en la actualidad, no pertenece a éste mundo reservado para los “estresados”
únicamente, y de hecho y forma, es rechazado de plano. En el ambiente deportivo
en general, el que no sufre del mentado “estrés”, es un ser de otro
mundo. ¿Quién inventó el “estrés”?
El pobre Calamucho
se encontraba “estresado”, aunque quienes lo apoyaban a muerte,
consideraban que debía “evitarse su secuestro”, conformando para ello
una guardia nocturna que protegía el domicilio de “Cala”. Todo se magnificó
insólitamente de tal manera, que la sensatez parecía haberse disparado a
cualquier parte. Claro que esto ocurría en el seno de la muchachada dispuesta a
todo con el fin de sacar al pobre Calamucho del impresionante estado de “estresamiento”
en que se encontraba. A ello se agregaba el aporte de algún “leguleyo”
que, anticipándose a la actual realidad en considerar aquello del intento de
agresión, como un fuerte “padecimiento
moral” a que había sido “sometida la víctima”, lo cual podría “desequilibrarlo
mentalmente” en el futuro, y dejarlo “medio tontulo” para siempre.
Los
comentarios, por cierto, se aposentaron en todos los sectores de la sociedad
salteña, alto, medio, bajo, uña, “oriyeros”, “viyeros”, “ocupas”, “cumbieros”, “mestisos”,
“originarios”, en el “caciquerío de etnias”, se agolpaban y todos opinaban con
derecho sobre el tema mezclándose los relacionados con los avatares militares
de la “colimba” de esos años. “Comedidos” dispuestos a todo, “mercenarios”
voluntarios sin cobrar un mango por sus servicios, eran los que sobraban; todos
estos, por supuesto, solo relacionados a la actividad rugbística por amistades
de ser “amigos del amigo” que necesitaban ayuda en esos “momentos
cruentos y difíciles” y que llamaban “generosa solidaridad”, todos
reunidos allí “calentando” más y más el ambiente, como consecuencia de un simple “estrés”,
un mal completamente “forastero” por entonces. Nunca, en ninguna
expresión de deporte alguno, había sucedido algo similar en esta Salta
cobriza: un duelo entre un expulsado de la cancha por inconducta y un
árbitro. Al parecer y de acuerdo a la opinión de algunos periodistas de
rugby en la prensa nacional, que se había hecho eco del infrecuente episodio,
el caso era único en el país. Más de medio siglo después el episodio yace
olvidado. La pregunta cae sola: si habría sucedido eso en la actualidad, ¿qué
consecuencias habría tenido después de todo lo vivido?
Finalmente
nada sucedió
Efectivamente, la Comisión de Disciplina sancionó al informado
“uniformado” con su clásica sanción de 99 años y santas paces entre
todos. Salta Polo jugó un par de partidos más, para luego retirarse del certamen,
tras producir un inusual caso tan común en la historia de Los Tres
Mosqueteros. Para quienes vivieron desde adentro del horno -llámense
dirigentes-, la situación resultó muy complicada y “estresante” -ya que
éste se había extendido hacia otros
niveles de la sociedad-, por el clima que había rodeado al escándalo, pero los
dirigentes felizmente no habían sido atacados por el “estrés” que había
hecho “debutar en Salta” el Calamucho Tobío con su complicado “estresamiento”.
Los comentarios de “algunos históricos”, como el gallego “San Juan”
Haro (+), de Spaghetti, que tenía en su haber “varios tumbados”
y “estresados” por sus precisos “ganchos” en los line out,
resultaban impecables al momento de “moralizar” sus expresiones. “Semejante
“depelote” que lo hacen por “una manito suelta”, comentaba el “maestro”.
Al margen de esa “manía” el Gallego Haro era muy buen amigo, no opinando
lo mismo aquellos que habían recibido sus “caricias” domingueras dentro
de la cancha. Así lo recordamos sus contemporáneos que aún respiramos estos
aires salteños, con “estrés”, o sin él.
Pero el
rugby salteño tiene en su haber varios desafíos a duelos, aunque nunca
concretados, que le ponen a su historia “simpáticas pinceladas” de
histrionismo. Acá contamos únicamente lo que sucedió en el rugby salteño. En
otros centros del país también deben contar ellos “sus casos” para relatar.
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